“Pretendo que Grupo Arturo Cantoblanco siga existiendo dentro de otros 106 años, que sea igual de importante que ahora y que lleve este mismo nombre”, aseguraba Arturo Fernández Álvarez en marzo de 2006. Fernández, tercera generación sin descendencia de un negocio familiar centenario, barajaba la salida a bolsa como una fórmula para garantizar la continuidad de la compañía. De hecho, en aquellos tiempos precrisis, salió al mercado en busca de un socio financiero que le ayudara a crecer. Sin embargo, ninguna iniciativa fraguó, quizás por su condición de mantenerse como accionista mayoritario. Ahora, el imperio Arturo ha vuelto ha salir a la luz a raíz de unas acusaciones sobre el presunto pago en dinero negro a sus empleados, polémica que ha provocado un “periodo de reflexión” sobre el futuro de Arturo Fernández como vicepresidente de la CEOE, presidente de la patronal madrileña y de la Cámara de Madrid. Radiografía Una salida a bolsa habría propiciado una transformación en la ...
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